En la vida aunque no parezca, estamos expuestos a miles libertades, las
mismas varían al pasar el tiempo a medida que vamos creciendo nos exponemos a
más libertades de lo que imaginamos. Por más que en varias ocasiones se acorten
las mismas, desde algún aspecto, siempre están. Muchas veces exigimos tanto,
que por miedo nos privamos de ser libres, o empezar a probar cosas nuevas, a
veces somos tan libres, que no asumimos en que momento nos toca poner un freno,
saber decir "tengo que parar acá", y sin embargo seguimos. Seguimos
perdiendo la libertad, dejándonos equivocar, más de una vez permitimos que una
persona maneje nuestros hilos, perdemos la cordura, el poder de decisión. Ahí
mismo es cuando tomamos el camino incorrecto. Pero eso es parte nuestra, saber
manejarnos nosotros mismos, sin dejar que nadie nos ate, nos diga que no,
aprender solos que está bien y que es lo que no está bien. Queda en cada uno saber
aprovechar su propia libertad, según la postura en la que se lo vea. En las
relaciones, por ejemplo muchas veces tenemos la idea errónea e ilógica de
prohibirle a la otra persona ciertas libertades, no queremos entender que a lo
largo de la relación la persona se cansa, no porque no te quiera, sino porque
hay ciertas libertades que nunca se tienen que prohibir, como la de salir, ver
a amigos/as, despejarse, cuando no nos damos cuenta que lo que hacemos es estar
sofocando, sin poder encontrar un punto en el cual le demos un respiro a quien
tenemos junto a nosotros. Después de esto viene la parte en que tenemos tanto
miedo a que nos lastimen, que preferimos prohibirnos diferentes cosas, con tal
de no volver a pasar por algo que nos hizo mal otra vez. Lo que no afrontamos,
es que estamos errando, que la experiencia sirve para no volver a pasar por lo
mismo nuevamente que nadie nos puede decir no hagas esto o lo otro, nosotros
somos quien mandamos en nuestra vida, quien decide. Nuestra libertad la
manejamos nosotros mismos, somos dueños de nuestro poder de decisión, nadie
maneja nuestros hilos. Nadie nos puede prohibir la libertad de soñar por
ejemplo, si alguien nos ve feliz haciéndolo, sueña con uno mismo, sin decirle
que no, sin hacerlo sentir cobarde diciendo que no es capaz de cumplir su sueño
por cual o tal cosa. Tenemos que abrir los ojos y aprender a aceptar a la
persona libre como es, con sus caprichos, locuras, amistades, libertades,
actitudes darle todo lo que necesite sin exigirle nada a cambio, la idea de
nuestro ámbito social, no es intentar cambiar a todas las personas que tenemos
alrededor, sino poder aprender a adaptarnos a sobrevivir con ellas. Cuando va
pasando la vida dejando que nos acorten las libertades, tenemos que
autoconvencernos que es mejor soltar lo que nos hace mal, aprendiendo a vivir
libre sin nada que nos logré atar. Lo que nos cuesta entender es que hoy en día pase lo que pase, pasemos
por lo que pasemos, en nuestra vida, la libertad, depende de uno mismo. Como
dicen dos bandas que me identifican mucho “Decidió que iba a ser un pájaro
libre, y que nada más lo iba a atar”, o “Los placeres te acortan la correa y
vos que te pensas un indomable”, muchas veces la música habla cuando las personas callan, por eso mismo son los dos más claros ejemplos que vivimos
cotidianamente el de creernos muy liberales, o permitir que por placer nos
perdamos de vivir miles de cosas, en estos casos tenemos que ver la realidad,
asumiendo lo que nos toca.

